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Entrevista a Pablo Escobar sj: “La vocación implica abrirse a algo más, o alguien más, que está fuera de uno”.

 

Nuestro querido Pablo Escobar, hermano jesuita, médico y capellán del Cuarto Ciclo, deja el Colegio San Francisco Javier para emprender nuevos rumbos.

Su próximo destino será Haití, en un paso que él entiende como el fruto de un largo proceso vocacional.

15 de julio de 2021

Pablo, ¿cómo resumirías tu paso por el Colegio San Francisco Javier?

Mi primer acercamiento a la ciudad fue cuando estuve aquí en el año 2009 mochileando, cuando estaba en la universidad. Me paré en la costanera, miré el seno de reloncaví y pensé “me gustaría alguna vez vivir en Puerto Montt”. Y gracias a Dios se cumplió ese deseo, para mí estar en esta ciudad ha sido muy bonito.

En cuanto a mi etapa de formación como jesuita, estuve en el “magisterio”, que fue bien particular, porque como soy médico una parte era en el consultorio de la ciudad de Puerto Montt y la otra mitad aquí en el Colegio. Debo decir que lo más interesante fue tratar de hacer una síntesis entre estos dos aspectos que son tan distintos: educación y salud. En un lugar más abiertamente religioso y el otro más neutral, también con un tema socioeconómico de por medio. Entonces lo bonito a nivel personal fue vivir en esos dos espacios, lo que en algún momento me creó tensión, pero que en definitiva fue una síntesis muy rica.

Y respecto al San Javier, fue bonito tratar de insertarse en un colegio con tanta historia, que ha tenido y sigue teniendo mucha incidencia en la ciudad. Fue bien desafiante porque yo no voy a ser sacerdote sino hermano, y esta etapa del magisterio ha estado tradicionalmente más dirigida hacia los sacerdotes. Aquí hay un equipo muy interesante. El Colegio destaca por su buen ambiente en general, por cierta mística que moviliza lo que la gente hace. Ha sido para mí una muy bonita experiencia.

Tu próximo destino es Haití. ¿Cómo estás viviendo esta partida en términos personales?

Lo primero es que esto partió hace mucho tiempo… Hay una inquietud que ha sido parte de toda mi vida religiosa. Para mí, partir a Haití es fruto de un proceso muy largo en el que estaba presente el deseo de poder tener una experiencia religiosa y médica en un contexto vulnerable. Quizá no aparecía Haití como el lugar necesariamente. Surge como una propuesta del provincial y yo la acojo con mucha alegría y también con cierta ansiedad y temor, sobre todo por lo que ha ocurrido esta semana, que es un detonante de algo que viene hace mucho tiempo y que ahora terminó con la muerte del presidente.

Allá la idea es que yo trabaje en un centro de salud de atención primaria, en un contexto más complejo pues el sistema de salud allá es bien precario. Este centro es llevado por las religiosas del Sagrado Corazón de Jesús, con quienes voy a vivir. Está ubicado en un territorio campesino, hacia la frontera con República Dominicana, en un lugar bastante pobre y desértico. Los fines de semana me trasladaré a una comunidad jesuita en Puerto Príncipe, para no perder el contacto con mi congregación.

Será bonito el desafío de vivir con hermanas, con mujeres que muestran otras facetas de la Iglesia que muchas veces no reconocemos. Ellas son profesionales de la salud, varias son médicas, y están en un lugar bastante de frontera, por así decirlo.

¿Qué nos podrías contar sobre este proceso vocacional que ha tenido varias etapas y que ahora te lleva a Haití?

Yo creo que para encarar la pregunta por la vocación no hay que perder de vista que, para los que somos creyentes, Dios nos habla a través de lo que nos gusta, lo que sentimos, pero también la vocación implica abrirse a algo más, o alguien más, que está fuera de uno, más allá de los gustos y de lo que yo considero que soy bueno. Claro que Dios habla a través de eso, pero en mi proceso personal quizá Haití específicamente no surge como una opción, sino que surge en el marco de un camino, en que también aparecen otras personas que se hacen parte de esta búsqueda. Es decir, que yo puedo tener un deseo pero que se termina de pulir con Dios, con otras personas y, en mi caso, con la perspectiva de la gente a la que uno va a servir.

La vocación no es algo que me pertenece solo a mí, por lo que es importante estar muy atento a lo que se va insinuando, a lo que va apareciendo. Ahí hay una sutil diferencia en el tema de perseguir la vocación más genuina, y no quedarse entrampado en lo que me gustaría. Ahí es donde yo más siento la presencia de Dios, cuando me siento también “tironeado desde fuera”.

¿Qué te llevas de nuestro Colegio?

El Colegio San Javier es la comunidad jesuita más austral del mundo. Rescato la figura de San Francisco Javier, en la Plaza de la Familia, que mira el horizonte, al lugar al que podemos ir sin limitaciones, donde podemos hacer lo que se nos ocurra. Y veo al Colegio así, que mueve a sus estudiantes a pensar así: que vayan a los confines y que planteen algo nuevo.