En el Colegio San Francisco Javier, la formación integral trasciende las aulas para convertirse en un compromiso de vida, tal como lo demuestra la trayectoria de Iván Brauning, exalumno de la Generación 1993. Con 13 años formando parte de nuestra comunidad educativa, Iván ha sabido amalgamar su formación en Veterinaria e Informática para mirar la realidad desde perspectivas complementarias, siempre bajo el lema ignaciano de «formarnos para servir». Su vínculo con el colegio ha sido ininterrumpido y multifacético, participando activamente en la pastoral, el grupo scout y el apoyo en actividades al aire libre. Sin embargo, su aporte más distintivo hoy se encuentra en la administración de espacios y bienes con un alto valor histórico, donde entiende su labor no solo como una gestión técnica, sino como un servicio profundo a la comunidad y a la memoria de la Compañía de Jesús en nuestra zona.

Su legado cultural es tangible y sonoro. Desde muy niño, Iván manifestó una curiosidad innata por desarmar y comprender el funcionamiento de las cosas, una habilidad que perfeccionó con los años incentivado por sus padres y desafíos personales. Hoy, esa vocación se traduce en la restauración de piezas invaluables: desde el delicado mecanismo del piano de cola del colegio hasta el imponente órgano de la Iglesia de Guillermo Gallardo. Su talento ha devuelto la vida al reloj de la torre del campanario y al reloj de la Iglesia de Calbuco, además de rescatar cámaras fotográficas, tocadiscos y diversas antigüedades que guardan la historia de familias y amigos. Para Iván, el trabajo en equipo y la vocación social son formas concretas de estar al servicio de los demás, dejando una huella que va mucho más allá de los títulos profesionales, enfocándose en construir y cuidar lo que es de todos.

Esta dedicación excepcional es reconocida por la dirección del establecimiento como un pilar fundamental para la identidad institucional. Al respecto, nuestra directora Ximena Schnettler destaca: «Para nuestra comunidad, contar con el compromiso de un exalumno como Iván es un testimonio vivo de la excelencia humana que buscamos proyectar. Su labor en la administración y recuperación de nuestras instalaciones con valor patrimonial es invaluable; no solo mantiene en pie nuestra infraestructura histórica en la ciudad, sino que resguarda el legado cultural que entregamos a las futuras generaciones. Iván encarna el sentido de pertenencia y la gratitud de quien vuelve a su casa para poner sus talentos al servicio del bien común». Este reconocimiento, que se suma a distinciones como la del Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio, refuerza la idea de que la etapa escolar es el tiempo clave para descubrir una vocación que, en el caso de Iván, hoy late al ritmo de los relojes que con tanta maestría ha vuelto a poner en marcha.