Con mucha alegría y esperanza, compartimos con toda la comunidad del Colegio San Francisco Javier una noticia que nos llena de orgullo: nuestro exalumno, Diego Álvarez Ramírez, ha sido admitido al noviciado de la Compañía de Jesús.
Antes de que finalice este mes de enero, por encargo del P. Provincial, se nos ha comunicado que Diego —quien egresó de nuestro colegio en 2015— dará este importante paso en su vida vocacional, trasladándose a comienzos de marzo al Noviciado de la Provincia Argentina-Uruguaya en Montevideo.
Invitamos a todos los integrantes de la comunidad sanjavierina —estudiantes, educadores, familias y exalumnos— a encomendar a Diego en sus oraciones, especialmente en este tiempo de preparación antes de su partida a Montevideo.
¿Quién es Diego?
Diego tiene 28 años y, aunque nació en Temuco, se vinculó profundamente con Puerto Montt desde pequeño. Tras su paso por el San Javier, estudió Derecho en la Universidad Católica de Temuco y realizó un diplomado en Filosofía, disciplina que le apasiona junto con la historia. Actualmente se desempeña como administrador de empresa, combinando su formación profesional con una búsqueda espiritual constante.
«Dios me estaba invitando a un encuentro más profundo»: Una conversación con Diego
Para conocer más sobre su proceso y cómo su paso por el colegio influyó en su decisión, conversamos con él sobre este nuevo horizonte que emprende.
Una búsqueda de sentido
Diego, cuéntanos sobre este último tiempo: ¿Qué experiencias marcaron tu camino antes de ingresar al noviciado? “Estos últimos años han sido intensos y no exentos de dificultades; viví pérdidas y momentos de incertidumbre que me remecieron profundamente. Sin embargo, mirando hacia atrás, veo que todo eso me ayudó a detenerme, a escuchar más y a preguntarme con honestidad qué quería Dios de mí. El estudio del Derecho y la Filosofía fueron etapas exigentes que me ayudaron a pensar sobre el sentido de la vida y la fe”.
¿Qué aprendizajes sientes que fueron claves en tu vocación? “Lo central fue una búsqueda muy sincera de sentido. No fue algo teórico, sino existencial: preguntarme para qué estaba viviendo y dónde sentía que Dios me quería. Descubrí que Él me estaba invitando, de manera muy paciente, a una vida de mayor entrega y servicio”.
El discernimiento y la espiritualidad ignaciana
¿Cómo fue el proceso de decidir entrar a la Compañía de Jesús? “Fue una etapa linda pero desafiante. El discernimiento no es lineal; hubo momentos de mucha paz y otros de dudas e inseguridades. El acompañamiento espiritual y la oración fueron mi brújula para tomar esta decisión con libertad”.
¿Qué es lo que más valoras del carisma de San Ignacio? “Siento que este camino ‘calza’ conmigo, con mi forma de mirar la vida. Valoro mucho el aprender a leer lo que pasa en el corazón y la idea de encontrar a Dios en todo. Para mí, la vocación no es algo rígido, sino una relación viva con Dios”.
Su huella en el Colegio San Francisco Javier
Mirando tu etapa escolar, ¿qué aspectos de la formación sanjavierina valoras hoy? “Si soy honesto, mi etapa en el colegio fue bastante normal; no era un alumno especialmente ‘ejemplo’. Sin embargo, con los años me doy cuenta de que las experiencias de servicio, como el Buen Samaritano, los Ejercicios Espirituales y los encuentros con Cristo, sembraron semillas que recién hoy comprendo mejor”.
¿De qué manera el ambiente del colegio aportó a tu decisión actual? “Lo vivido en el colegio fue fundamental. La formación humana y el ambiente comunitario me permitieron conocer de cerca el ‘modo de proceder’ de la Compañía. Sin esa experiencia, probablemente nunca habría considerado la vida jesuita como una posibilidad real. Ahí comenzó a gestarse esta vocación que hoy abrazo con alegría”.







