En el Colegio San Francisco Javier de Puerto Montt, cada etapa escolar representa un viaje significativo de crecimiento, descubrimiento y vinculación profunda para toda nuestra comunidad educativa. Esta primera liturgia del nivel no solo marca un hito en la vida espiritual de los niños y niñas, sino que se inserta firmemente dentro de una serie de acciones estratégicas diseñadas para promover la cohesión de los cursos durante el exigente proceso de transición a la enseñanza básica. Asumir este ciclo escolar conlleva múltiples desafíos emocionales, sociales y académicos, tanto para los estudiantes como para sus hogares, transformando este tipo de espacios en pilares fundamentales para contener, orientar y fortalecer los vínculos afectivos que sostendrán a las familias a lo largo de su trayectoria formativa en nuestro establecimiento.
El corazón profundo de esta emotiva instancia radicó en el encuentro comunitario en la fe, donde los padres y apoderados acompañaron de manera activa y cercana a sus hijos, congregándose con fuerza como una gran generación en camino. En un ambiente de profunda oración y recogimiento, los adultos realizaron la simbólica y significativa entrega del Padre Nuestro a los pequeños, un gesto fraterno que sella la comunión y los consagra formalmente como miembros activos de una misma familia en la Iglesia. Ver a los estudiantes recibir esta oración de manos de sus seres queridos refleja el espíritu de acompañamiento mutuo que caracteriza a nuestra institución, recordando que la transmisión de los valores cristianos y el amor por el prójimo comienzan y se nutren primordialmente en el calor del hogar.
Vivenciar esta hermosa ceremonia adquiere un sentido aún más trascendental al vincularse directamente con el Sello 1 de nuestro Proyecto Educativo Institucional, el cual nos define con orgullo como un colegio católico de espiritualidad ignaciana. Bajo este prisma, buscamos impregnar cada momento de la vida escolar con el sello distintivo de hallar a Dios en todas las cosas, formando personas conscientes, compasivas y capaces de trascender por el servicio a los demás. Al reunir a las familias en torno al altar y a la oración, el colegio reafirma su compromiso histórico con la formación integral de excelencia, cimentada en los valores del Evangelio y en la convicción jesuita de que la comunidad se construye y se fortalece uniendo la fe, la afectividad y la colaboración mutua desde los primeros años de vida escolar.










