En el Colegio San Francisco Javier de Puerto Montt, queremos destacar a toda nuestra comunidad educativa, especialmente a nuestros estudiantes, quienes han dado inicio a la Semana Santa con un espíritu admirable y una disposición que llena de esperanza nuestras aulas. Durante las recientes celebraciones de la bendición de Ramos, fuimos testigos de cómo la alegría se entrelazó con el respeto, manifestándose en el buen ánimo de cada niño, joven y adulto que participó en estas liturgias. Este inicio no es un evento aislado, sino el fruto de un ambiente previo cuidadosamente cultivado; es aquí donde la labor de nuestros educadores y el compromiso de las familias en sus hogares cobran un valor fundamental. Al preparar el corazón en la intimidad de la casa y en la reflexión cotidiana del colegio, se ha logrado que el estudiantado no solo asista a un rito, sino que viva una experiencia de encuentro profundo. Esta sinergia entre el colegio y el hogar es la que permite que el mensaje del Evangelio resuene con autenticidad, transformando una tradición en una vivencia comunitaria vibrante que marca el pulso de nuestra identidad ignaciana en el sur de Chile.
Este ambiente de recogimiento y entusiasmo se fundamenta directamente en el Sello N°1 de nuestro Proyecto Educativo Institucional, que nos define como un colegio católico de espiritualidad ignaciana. Al ser parte de la obra apostólica de la Compañía de Jesús, nuestra misión es educar a partir del anuncio de Jesús, buscando que cada persona se descubra profundamente amada por Dios. La disposición que hemos visto en estas jornadas de Ramos es la respuesta natural a esa invitación de San Ignacio de Loyola: el deseo de «en todo amar y servir». A través de nuestra propuesta pastoral, acompañamos el crecimiento de las familias y estudiantes, ofreciendo las fiestas litúrgicas como hitos de formación integral. Es gratificante observar cómo este sello no se queda en el papel, sino que cobra vida en la sencillez de un ramo alzado y en el silencio respetuoso de una oración compartida. La espiritualidad ignaciana nos impulsa a colaborar en la construcción de un mundo mejor, y ese proceso comienza precisamente aquí, reconociendo en estas celebraciones una oportunidad para fortalecer la fe y el pensamiento crítico desde la riqueza de la comunidad católica.
Finalmente, reafirmamos que el Colegio San Francisco Javier es un espacio abierto donde la educación religiosa y las vivencias pastorales están diseñadas para abrazar a todas y todos. Aunque nuestras actividades se enmarcan en la tradición de la Iglesia universal y local, el respeto y la acogida son los pilares que permiten que incluso quienes no son creyentes encuentren en estas fechas un sentido de pertenencia y valores universales. El éxito de este inicio de Semana Santa radica en la coherencia de nuestro proyecto, donde la excelencia humana se mide por la capacidad de conmoverse ante el misterio de la entrega de Jesús. Al mirar el camino que nos conduce hacia el Triduo Pascual, agradecemos la entrega de los docentes que disponen los espacios y de los padres que refuerzan estos valores en la cotidianidad. Sigamos caminando juntos en estos días santos, manteniendo vivo ese buen ánimo que nos caracteriza, para que la luz de la Pascua de Resurrección nos encuentre más unidos, más conscientes de nuestra misión y siempre dispuestos a servir con generosidad a nuestra sociedad desde el carisma que nos identifica.










