En el Colegio San Francisco Javier de Puerto Montt, continuamos recorriendo el camino de Semana Santa con una mirada profunda hacia nuestro interior. Tras la alegría de las liturgias de Ramos, este Martes Santo se nos presenta como una oportunidad invaluable para la reflexión, invitando a nuestros estudiantes y a toda la comunidad educativa a contemplar el misterio de la reconciliación. Este día se enfatiza en el tema de la Conversión, recordándonos que, ante la fragilidad humana, el perdón de Dios se manifiesta como una fuente inagotable de esperanza. La Pasión que nos preparamos para vivir no es solo un relato histórico, sino la máxima demostración de un amor que nos busca y nos restaura constantemente.

Este clima de introspección, por medio de las Liturgias y Oraciones del Perdón que vivieron nuestros estudiantes, se conecta directamente con el Sello N°1 de nuestro Proyecto Educativo Institucional que nos identifica como un colegio católico de espiritualidad ignaciana. Al ser parte de la misión de la Compañía de Jesús buscamos que cada integrante de nuestra comunidad se descubra profundamente amado por Dios, incluso en sus momentos de debilidad. El Martes Santo adquiere un significado especial en nuestra formación integral: es un llamado valiente a reconocer aquellos momentos en que nos alejamos del Magis y del servicio al prójimos y, de esta forma, poder buscar con humildad la reconciliación antes de sumergirnos en el Triduo Pascual.

Como institución, valoramos que esta búsqueda de conversión no se viva en soledad, sino en la sinergia que se produce entre el colegio y el hogar. Es en la cotidianidad de nuestras aulas y en la intimidad de las familias donde el mensaje del Evangelio cobra sentido práctico, transformando el arrepentimiento en un motor de cambio positivo para la sociedad. Al reflexionar sobre nuestra propia fidelidad, fortalecemos el pensamiento crítico y la excelencia humana, pilares de nuestra identidad jesuita en el sur de Chile. Finalmente, animamos a todos a vivir este tiempo de preparación con el corazón abierto. El sentido del Martes Santo reside en comprender que nunca es tarde para volver a empezar, pues la luz de la Pascua ya se vislumbra en el horizonte.